LA FIRMA DIGITAL: antecedentes y su valor

El nuevo Código Civil y Comercial de la Nación ha previsto en el artículo 288 la firma digital como requisito en los instrumentos generados por medios electrónicos que asegura, indubitablemente, la autoría e integridad del documento.

El antecedente inmediato del dispositivo legal está en la sanción de la ley n° 25.506 el 14 de noviembre de 2001, reglamentada mediante el Decreto n° 2628/2002 y la resolución n° 927/ 14 emitida por la Oficina Nacional de Tecnología Informática (ONTI).

A diario referimos a instrumentos que hay que otorgar y que hacen a transacciones de la vida cotidiana, validando los mismos con nuestra firma.

Firmar es escribir a mano el nombre y apellido que usa una persona de tal o cual manera, y que conforma una estructura gráfica o grafo manuscrito. El acto de firmar encierra siempre solemnidad ya que por sí mismo, es prueba del consentimiento y de la aprobación del contenido de un documento, salvo los supuestos legales de comisión de un delito, cuya materia no conforma el objetivo de esta publicación.

Se denomina así firma ológrafa la que se estampa de puño y letra del otorgante. En el lenguaje coloquial, utilizamos el verbo “firmar” como sinónimo de “suscribir” un documento, una escritura, etc. Éste último es propio del lenguaje administrativo ya que fuera de ese ámbito, es un término selecto.

Cuando firmamos elegimos identificarnos de una forma simbólica con un trazo, muchas veces, colocando además una rúbrica para cerrar la misma, constituyendo ésta, parte del conjunto gráfico. Los rasgos hacen que ninguna firma sea idéntica a otra.

¿Se extinguirá alguna vez esta forma de firmar?

¿Desaparecerá el estilo sin par de fidelidad al texto como evidencia de aprobación y voluntad de otorgamiento?

Seguramente si esto ocurre, se verán frustrados los profesionales que estudian el carácter, equilibrio mental y fisiológico, aptitudes y emociones de su autor. ¿Resignarán éstos el análisis de los grafos en su inclinación, dirección, velocidad, tamaño etc. entre otros aspectos?

Los estudiosos de signos gráficos se inclinan a pensar que la escritura manual continuará mientras el hombre mantenga las aptitudes volitivas en su cuerpo, aunque la tecnología se empeñe en utilizar partes de él para suplir la firma como medio identificatorio, como el iris, las huellas digitales o chips insertos en forma subcutánea en el físico de una persona.

El auge de la telemática en sus formas más conocidas: la informática y las telecomunicaciones, imponen el tráfico y circulación veloz de documentos notariales, civiles, comerciales y de cualesquiera otra naturaleza, sumado a ello, el cambio de hábitos laborales que imponen el trabajo domiciliario en varios días de la semana, siendo la jornada presencial, la excepción, como acontece en varios países europeos y americanos.

La firma digital es creada a través de una aplicación tecnológica basada en la criptografía y se utiliza para verificar la validez de un archivo documental enviado digitalmente, tal como uno común. De esta forma ha surgido la necesidad de crear una herramienta que tenga el sentido de producir el valor de la firma ológrafa. La ley referida, contempla en su artículo 2 que: “los procedimientos de firma y verificación a ser utilizados para tales fines serán los determinados por la Autoridad de Aplicación en consonancia con estándares

tecnológicos internacionales vigentes y que la misma debe ser susceptible de verificación por terceras partes, tal que dicha verificación simultáneamente permita identificar al firmante y detectar cualquier alteración del documento digital posterior a su firma”.

La firma digital encuentra asidero respaldatorio en empresas certificadoras privadas y organismos públicos que impiden el delito de falsificación. Así la misma, queda equiparada a la firma de puño y letra.

“La voluntad es la idea” pensamiento elocuente de Arthur Schopenhauer respondido por Jack Judge: “Detrás de la voluntad está el deseo, si éste no lo impulsa, quedará inmóvil”.

La intervención del notario imprime al documento antes de su otorgamiento, garantía de la negociación y control de la legalidad del acto, conforme a la normativa vigente.

Firmar, de una forma u otra, siempre será un acto de responsabilidad humana y de su libre expresión de voluntad.

Bibliografía: Código Civil y Comercial de la Nación

Ley n° 25.506- Fundamentos legislativos,

Decreto n° 2628/2002 reglamentario de la misma.

 

                                                                                                                                                         Esc. Ana María Canil de Parra

                                                                                                                                                     Colegio de Escribanos de Catamarca

Ubicación